miércoles, 13 de abril de 2016

De vuelta

Y por fin llegó el día en el que retomó este blog que con tanta ilusión comencé. A veces, aunque no os lo creáis, los psicólogos también tenemos problemas, desilusiones y desmotivaciones en nuestras vidas. A veces necesitamos nuestro espacio y sí, porque no,  huír a esa isla desierta a la que os prohibimos a los pacientes con frases como "tenéis que enfrentaros a vuestros miedos".
Porque la teoría es fácil, pero la práctica, nunca dijimos que lo fuera...

martes, 30 de octubre de 2012

¿Por qué llamarlo "X" si podemos llamarlo TDA-H?

Desde hace un tiempo a esta parte solo hago que recibir diagnósticos de niños con TDA (Trastorno por déficit de atención). Desde los profes hasta el departamento de orientación podemos realizar una observación directa del niño y analizar múltiples síntomas, sin embargo, éstos últimamente siempre son interpretados de la misma manera por los profesionales a los que se les deriva.

Hubo un tiempo, cuando yo comenzaba mi vida laboral que ocurrió lo mismo con el diagnóstico de dislexia. Por este motivo, muy relacionado con el eterno debate de si se debe o no etiquetar a los niños, considero necesario el huir de modas. Y, ya que yo sí creo en un diagnóstico como punto de partida para objetivar sus  necesidades y comenzar un trabajo para el desarrollo de esas áreas deficitarias, señores hagámoslo bien.

Es cierto que alguna sintomatología, como trastornos del espectro autista como el Asperger, Síndrome del Hemisferio Derecho (o del Aprendizaje no verbal), Trastornos del Aprendizaje, problemas viso-perceptivos, o incluso unas altas capacidades con falta de motivación hacia el aprendizaje , pueden cursar en el día a día del niño como un problema atencional. Si bien, no todos los niños que no saben atender padecen un TDA, de hecho, muchos ni siquiera tienen un trastorno sino una falta de hábito hacia la concentración en el aula.

Así mismo, podemos comprobar que si buscamos en internet nos salen multitud de artículos relacionados con este trastorno, de webs  profesionales y de origen más divulgativo, si bien de los demás trastornos reflejados cuesta más leer artículos que puedan acercar a los papás a estas otras realidades.


La psicología, psiquiatría o neurología no es rígida ya que ante una sociedad cambiante aparecen nuevas necesidades y con ellos nuevos trastornos, pero el diagnóstico es algo muy serio que puede llevar a un tratamiento erróneo y con ello a un enlentecimiento del desarrollo del niño. 

Por este motivo, aunque los médicos son médicos, también son humanos y erran por lo que mi consejo es primero acudir siempre a un profesionar especialista en infantil, igual que lleváis al pediatra a vuestro hijo y no a vuestro médico de cabecera; y segundo siempre pedir una segunda opinión que realmente os convenza,  en la que veáis reflejado a vuestro hijo más allá de una capacidad atencional (ya que el TDA es mucho más que eso).

El niño con TDA existe y por suerte cada vez se le diagnostica más temprano por lo que su evolución tiene un pronóstico más positivo con unas pautas adecuadas hacia el cole, la familia y su entorno. Lo único que conseguimos con que todo sea TDA es infravalorar este trastorno tan complejo.








miércoles, 21 de marzo de 2012

Cuando mamá "sólo" se dedica a los niños

     Cada vez se ve menos el modelo de familia de papá es el que trabaja, mientras mamá se queda realizando las labores de casa y cuidando en exclusiva de los niños. Muchas familias eligen este formato porque consideran que si económicamente se lo pueden permitir, va a ser mejor para los más pequeños de la casa porque van a estar ahí siempre que ellos necesiten. Si bien, en muchas ocasiones si no tenemos mucho cuidado podemos generar niños muy tiranos con las madres, mostrándose conciliadores sin embargo con la figura paterna.

     Parece muy extremo lo que voy a contar a continuación, pero como orientadora en un colegio privado no es el primer caso ni el segundo en el que el niño comienza a comportarse así y lo único que pasa es que tiene a mamá como una extensión de sí mismos. 

     Esto ocurre principalmente por dos motivos. El primero es que cuando una persona tiene el total de la carga de una responsabilidad tal como es el desarrollo físico, afectivo y social de nuestros hijos ("porque no voy a hacer a su padre que llega tarde de trabajar que se encargue él cuando yo estoy en casa para eso") cualquier pequeño error lo vive como un fracaso personal: si el niño saca malas notas soy mala profesora particular, si mi hijo no come soy mala cocinera, si mi hijo se cae y se hace daño soy mala madre; y así podríamos seguir hasta no parar. A lo largo de los meses y años puede generar una inseguridad altísima en las madres que cada vez acotan más sus actividades centrándose únicamente en el bienestar de sus hijos.

     El segundo motivo está en el niño, que además de intuir lo anteriormente expuesto, pasa mucho más tiempo con la madre por lo que conoce mejor sus fortalezas y debilidades que las de su padre por lo que sabe salirse con la suya y aunque quizá ni a la primera ni a la segunda lo consigue, actúa por agotamiento de la madre y es que los niños siempre nos ganarán con la insistencia, sino estamos muy alerta. Además, siendo mamá la que más tiempo pasa hace que quien ponga límites y normas en casa sea ella, con las consiguientes consecuencias y papá llegue cuando ya todo está resuelto y para un ratito que está en casa quiere paz y tranquilidad, así que todos a jugar como si no hubiera pasado nada.

     Para ver si esto está ocurriendo primero observar si la diferencia de conducta entre papá y mamá es muy grande, y digo "muy" porque siempre diferencias va a haber. Y posteriormente vamos a hacernos una autoevaluación de cómo reaccionamos ante determinadas situaciones del día a día, si permitimos cosas que sabemos que no deberíamos por agotamiento mental y físico, si sobreprotegemos para liberar nuestras culpas, si tratamos a nuestros hijos como amigos, ... 

     En casos muy extremos, con niños con dificultades de aprendizaje o conductuales, las madres pueden renunciar a su vida social, a sus aficiones,... Esto conlleva un riesgo añadido para la madre que no tendrá una vía de escape para toda su carga no solo por sus funciones como madre, sino por toda la ansiedad que le genera la sensación de fracaso y no es de extrañar que curse con trastornos del estado del ánimo como ansiedad o depresión.

     Por lo tanto, la educación de los hijos debe ser cosa de dos para poder tener responsabilidades, pero también para poder disfrutar de ellos. Una vez más la complicidad y comunicación entre la pareja es esencial no solo para expresar nuestras inquietudes, sino para llegar a conclusiones y acuerdos sobre cómo vamos a repartir las responsabilidades. Y recordar que aunque estemos en casa los niños tienen que tener sus responsabilidades para generar madurez y autonomía, no todo lo tenemos que hacer los adultos.



martes, 21 de febrero de 2012

¡He probado de todo y nada funciona!

El título del post de hoy creo que lo dice todo, porque hay veces que ya no sabemos que más hacer para que un niño evoluciones a cualquier nivel. Por eso, voy a contaros una cosa obvia, pero que a veces como adultos y nuestra locura de día a día, se nos olvida, la constancia.

Lo primero que debemos hacer ante una situación difícil con los niños es analizar la causa que lo produce, sólo cuando tengamos solución a esta cuestión podremos trazar un plan de acción. Para ello nos preguntaremos:
- ¿su momento evolutivo no lo explica? 
- ¿ en que momentos ocurre?
- ¿con quién o quiénes?
- ¿ante qué ambiente ocurre: cole, casa, con abuelos,...?
- ¿qué puede intensificarlo?
- ¿cómo respondemos los adultos ante esto?

      Entonces, ya podemos poner un plan de acción, ante lo que todos los adultos (y si pudiera ser hermanos) debéis actuar todos a una, actuando todos de la misma forma ante las mismas situaciones. 

     Los niños, dependiendo la conducta a modificar, tardan un tiempo en realizar el cambio y esto puede resultar muy frustrante par el adulto que queremos resultados inmediatos. Pero esto no siempre ocurre así, por lo que ante la desesperación cambiamos de técnica porque en la primera semana no lo vemos claro.

     Es verdad que cada semana debemos analizar si hay evolución en el niño, pero basada en objetivos mínimos y resaltando los pequeños cambios positivos. También nos debemos autoevaluar a nosotros mismos, si nuestra forma de actuar es la que habíamos acordado o debemos mejorar en algún aspecto.

     Sólo cuando llevado un tiempo mínimo de un mes, si no hemos observado ni el más mínimo cambio, entonces pensaremos en modificar el plan.  Si bien, antes pensaremos en que los niños, sobre todo los más conflictivos, aumentan su conflictividad en la primera etapa de la actuación, ya que es la forma que tiene de revelarse ante los cambios, ya que su conducta no le sirve como antes.

     Por lo tanto, en estos casos, la paciencia, constancia y unión familiar son indispensables, sin desesperarnos al primer intento. Recordad que cualquier pequeño cambio del adulto es un gran cambio para el niño.


lunes, 13 de febrero de 2012

¿Castigo o refuerzo?

Castigar o reforzar es el gran debate en educación,  que en muchas ocasiones ni los expertos nos ponemos de acuerdo ¿cómo lo van a tener claro los padres que luchan día a día por actuar de la mejor forma posible, aunque los más peques a veces no lo pongan nada fácil?

Aunque, hoy en día ya todos conocemos lo que es el refuerzo positivo y castigo negativo, no quedan tan claros los conceptos de refuerzo negativo o castigo positivo. Vamos a diferenciarlos primero:
- Refuerzo positivo: ante una buena conducta el niño gana algo. Ej.Pedro hace la cama y le llevan a montar en bici que le encanta.
- Refuerzo negativo: ante una buena conducta el niño deja de hacer algo que le desagrada. Ej. Pedro hace la cama y ese día no tiene que bajar al perro que le da mucha pereza.
- Castigo negativo: ante una mala conducta se retira algo que el niño desea. Ej. Pedro no hace la cama, por lo que no se va de paseo con la bici.
- Castigo positivo: ante una mala conducta se le aplica al niño algo malo para él. Ej: Pedro no hace la cama se   le coge de la oreja hasta que se ponga a hacerlo.

     Está claro que descarto el castigo positivo de antemano. Pero entre las otras tres opciones también lo tengo muy claro, me decanto por el refuerzo positivo sin dudarlo y es que los niños desde bebés hasta bien mayores lo que más desean es la aceptación de sus padres, que estén contentos con ellos, se sientan orgullosos de ellos, etc.

     Pero esto no se consigue con ponernos un par de días. Para que haya una buena conducta no sólo debemos  reforzar de la noche a la mañana, eliminando castigos,... Debemos comenzar desde el principio, cuando se come la papilla sin espurrear, cuando gatea para conseguir lo que quiere sin protestar, cuando se lavan los dientes solitos,... Entonces aprenderán que cuando hacen las cosas bien mamá, papá, lo abuelos y demás adultos de referencia les dedican tiempo y elogios.

     Sí, os preguntareis "eso está muy bien, pero los niños son niños y a veces se portan regular". Cuando son pequeños no entienden el castigo, entienden "mamá no me mira", "papá no me coge en brazos",... siendo para ellos esto ya suficiente castigo.

     Los castigos como tal los podemos usar para complementar a los refuerzos en una edad en la que entiendan que es el castigo, porqué se les castiga, se les permita reflexionar sobre ello y siempre que sea por una actitud muy disruptiva (pegue a otro niño en el parque, nos falte al respeto, ...), pero estos no deben durar más de una semana y en ningún caso se deben eliminar a medias. Si hay otra acción que creéis que se deba reforzar, no dudéis hacedlo, pero como algo independiente a su conducta castigada.

    Por su parte, los refuerzos siempre recomendamos que sean de actividad o verbales, es decir ir a montar en bici con papá y mamá, ir al cine, a jugar a casa del vecino, decirles lo bien que lo han hecho o lo orgullosos que nos sentimos. Si acostumbramos a los niños a refuerzos materiales tendremos el peligro de que esto se vuelva contra nosotros y los niños nos chantajeen con "no hago esto si no me compras tal juguete".

     Por lo tanto, poniendo límites y normas claras y concisas, siendo muy regular en nuestras respuestas a las diferentes reacciones de los niños y reforzando positivamente continuamente, tomaremos las riendas de la educación de nuestros hijos y poco a poco, con paciencia y permitiéndonos cometer errores, las cosas se volverán cada vez más fáciles.

     

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Objetividad en la crianza de nuestros hijos

     En mi día a día tanto profesional como personal soy observadora de multitud de situaciones que se generan entre padres e hijos. Quizá como deformación profesional es algo que considero de gran valor, ya que me ayuda a aprender de situaciones novedosas para mi. Sin embargo, desde hace ya algunos meses se repite una y otra vez la misma situación y siempre llego a la misma pregunta ¿nos comportamos de manera objetiva con nuestros hijos? o ¿como ya todos sabemos de todo, nos sentimos con los conocimientos necesarios para juzgar y criticar cualquier situación que se nos presente?

     La situación en cuestión es la siguiente: un niño de una edad suficiente como para saber lo que hace, molesta a alguien. Este alguien le recrimina y los padres, que no están centrados en la actitud de sus hijos sin pedir más información se enzarzan en una discusión con la persona que ha reprendido al niños, sólo por el hecho de tratarse de su hijo. ¿actuamos bien?¿estamos siendo justos con el adulto? ¿y con el niño?

     No voy a entrar a juzgar si los padres estaban o no atentos del niño en cuestión, ya que a veces hay imprevistos que nos lo dificulta. Pero el hecho de que esta situación se dé, como padres nos debe dar una pista de que algo ha pasado, quién tiene la culpa desde mi punto de vista nos debe dar igual en un primer momento ya que debemos estar dispuestos hacia la escucha de ambas partes.

     A nuestras generaciones, jóvenes que empezamos a tener hijos, no nos queda lejos cuando ante algo así nuestros padres nos regañaban como si se acabara el mundo y nos castigaban casi de por vida. Pero tampoco se trata de eso, ya que había veces que ni nos enterábamos que habíamos hecho. El conocer la versión del niño es importantísimo, para no ser injustos, pero también para fortalecer la confianza del niño hacia nosotros, sus figuras de referencia. Eso no quita que si el niño ha actuado mal se le indique, de una forma u otra.

     Lo que más me incomoda son las consecuencias que se derivan de este hecho. Por suerte no siempre es así, pero me centro solo en los casos más llamativos o que a mi más me molestan. El niño sale victorioso, los padres refuerzan su conducta negativa y no se dan muestras de un feed back de qué está bien y que está mal, por lo que no se les enseña. Esto lo considero de gran injusticia para el menor, que se va a volver a encontrar con adultos extraños que recriminen su conducta y los adultos de referencia que le dan el mensaje contrario.
   
     Los niños necesitan rutinas, necesitan que siempre se actúe igual ante una misma situación para que ellos puedan anticipar. Si frente a otros les protegemos y en la intimidad les regañamos por lo mismo no van a saber actuar y de aquí a la inseguridad y la falta de autoestima hay un paso: ¿me regañarán?¿soy malo?

     Es sólo una reflexión, pero me gustaría que sirviera para que vosotros también pensarais si somos objetivos cuando se trata de nuestros hijos o nos dejamos llevar por nuestros impulsos más primarios de protección hacia nuestros pequeños.

viernes, 28 de octubre de 2011

Enseñar a los niños a relajarse (Parte IV): Jacobson

  Para terminar con el aprendizaje de la relajación,  veremos de qué forma lo harán los adolescentes y adultos. El grado de concentración y el control corporal requerido ya es mucho más elevado.

   La respiración aquí es esencial, lo más importante para llegar a un verdadero estado de calma. Para ello comenzaremos las primeras sesiones únicamente practicando la respiración diafragmática. 

    Empezamos tumbados, con ropa cómoda, ojos cerrados y en un ambiente sin ruidos que nos distraigan. Podemos usar música de relajación, chill out, clásica,... Las manos, al principio deberán estar encima del diafragma para notar que lo estamos haciendo correctamente, esto es entre el abdomen y el cierre de las costillas; posteriormente, cuando ya hayamos adquirido práctica podemos colocar los brazos al lado del cuerpo.

    Cogemos aire por la nariz, contamos despacio hasta tres y soltamos muy lentamente por la boca, hasta vaciarnos de aire por completo. Si al principio os agobian los tiempos, no os preocupes, coged aire y soltarlo sin retenerlo, poco a poco veréis como va siendo más fácil retenerlo.

   Cuando controlemos la respiración tumbados la practicaremos sentados y por último de pie, así en el momento de tensión, respirar nos aliviará de forma casi inmediata.
      
     Por otra parte, la relajación física, la iniciaremos tras controlar la respiración tumbados y lo haremos de la siguiente forma:
    - Miembros inferiores: levanta   horizontalmente tu pierna derecha arqueando el pie derecho hacia atrás en dirección a la rodilla con la punta del pie. Experimentarás una desagradable sensación de tensión muscular en tu pierna y pie derechos. Repite ahora el ejercicio y siente como se ponen en tensión la pantorrilla, los muslos, la rodilla, los pies,…Ahora vas a aflojar lentamente todos los músculos que tienes en tensión. Tu pierna derecha está relajándose cada vez más. Notas cómo tus músculos se van aflojando. Experimentas una sensación agradable de reposo y bienestar en tu pierna derecha. Estas mismas instrucciones se aplican a la pierna izquierda.
   - Miembros superiores: vas a concentrar toda tu atención en tu mano derecha. Aprieta el puño y siente cómo los músculos y siente cómo tu mano se pone en tensión. Afloja la mano y relájala. Estás notando cómo tu mano derecha se relaja y experimentas una sensación muy agradable de tranquilidad y reposo. Ahora experimentas un gran calor en tu mano derecha y notas cómo pesa mucho. La mano derecha está muy pesada. Piensa en ello durante unos segundos. Tu mano está relajada. Concéntrate en ella. Aprieta de nuevo tu mano derecha y tensiona los músculos de tu brazo. Observa cómo experimentas una sensación desagradable de cansancio y fatiga. Ahora afloja completamente la mano y el brazo. Nota como pesa tu brazo hasta prácticamente el punto en que no lo notas. Un gran calor invade tu brazo y experimentas una agradable sensación de descanso y relajación. Las mismas instrucciones sirven para la mano y brazo izquierdos.
   - Cara: tu atención se dirige a la frente. Arruga poco a poco tu frente subiéndola hacia arriba. Ahora arrúgala fuertemente. Notas como una desagradable sensación de tensión. Tu nariz y tus cejas se ponen tensas. Afloja los músculos de tu frente. Nota la diferencia de tu frente con respecto a la tensión anterior. Ahora tu frente está relajada. Aflojas los músculos de tu frente cada vez más. Experimentas una agradable sensación de bienestar, de reposo, de tranquilidad.
    Concéntrate ahora en tus ojos. Cierra los ojos apretándolos fuertemente. Siente como la tensión se apodera de toda la zona próxima a tus ojos. Tus párpados están en tensión, notas cómo alrededor de tus ojos se contraen los músculos. Ahora vas a ir aflojando muy lentamente tus ojos. Deja de apretarlos con fuerza y relájalos. Cada vez más. Observa la diferencia. Ahora te encuentras mucho más relajado. Tus ojos experimentan una agradable sensación de frescor.
     Concéntrate ahora en tus labios. Arruga fuertemente tus labios. Nota la tensión en el labio superior y en toda la zona alrededor de los labios. Es una sensación desagradable de cansancio. Concéntrate en ello. Ahora vas a relajar los labios aflojándolos poco a poco. Tus labios están cada vez más descansados. Apenas lo notas y experimentas en tus labios una sensación muy agradable de reposo.
     Te concentras ahora en tu mandíbula. Aprieta fuertemente los dientes. Siente cómo la tensión muscular invade los dos lados de la cara y las sienes. Es una sensación de fatiga. Ahora separa los dientes y relaja la cara. Relájala cada vez más. Experimentas una agradable sensación de tranquilidad con tu cara relajada. Toda la cara está en reposo, sin moverse.
     -Torso: tensa fuertemente los músculos de tu estómago comprimiéndolos hasta que notes lo duro que se pone. Experimenta también la tensión del ombligo. Todo tu estómago está en tensión. Ahora afloja lentamente los músculos de tu estómago y nota como ha cambiado la sensación de antes. Ahora la sensación es mucho más agradable, tu estómago está flojo, en reposo, apenas lo notas. Es una agradable sensación de reposo. Respira lenta y pausadamente. Muy lentamente. Inspira por la nariz y mantén en tus pulmones el aire durante unos segundos. Ahora expulsa el aire por la boca hasta vaciar completamente tus pulmones.


     Para finalizar la relajación vamos a volver a centrarnos en la respiración y mentalmente repasar todos los músculos del cuerpo. Entonces abrimos los ojos muy lentamente y permanecemos así unos segundos antes de levantarnos.


     Es conveniente empezar con dos repeticiones al día de 10 minutos cada uno al empezar e ir reduciendo a medida que la práctica nos dote de un entrenamiento que nos facilite entrar en el estado deseado. Recordad que los tiempos los marcáis vosotros, no tengáis prisa, cuanto más afiancemos cada ejercicio,antes se generalizará y podréis usarlo cuando realmente lo necesitamos.