martes, 12 de abril de 2011

Audición y aprendizaje

  La semana pasada acudí a una charla sobre cómo los problemas auditivos pueden afectar muy negativamente al aprendizaje y confundirse con problemas tales con disgrafías, dislexias, trastornos generalizados del aprendizaje, déficit de atención, etc.

      Por este motivo es muy importante, cuando nos enfrentamos a un problema de bajo rendimiento escolar, primero descartar problemas en vista y en oído. Para ello acudiremos siempre a médicos especialistas, para que le realicen pruebas acordes con las necesidades de cada niño. Se aconseja una revisión anual.

      Me centraré más en el oído, puesto que me gustaría compartir lo aprendido ayer.

      El oído tiene tres funciones que se relacionan entre sí:  escuchar la información que viene del entorno, cuidar y orientarnos en el equilibrio postural y estimular nuestro cerebro. Fijarnos en cómo un niño se sienta o su movimiento corporal y la forma de contestarnos es muy importante ya que esto nos dará mucha información de cómo nos está  escuchando.

      Existen tres predominancias laterales, es decir podemos escuchar los sonidos principalmente por el oído derecho, izquierdo o indistintamente dependiendo del tono y su intensidad. Debido a que nuestro cerebro procesa la información en espejo cuando oímos principalmente por el oído derecho, la información pasa directamente al hemisferio izquierdo donde tenemos el área de recepción y comprensión de información. Si bien, cuando la información viene principalmente por el oído izquierdo, ésta va al hemisferio derecho primero, no encuentra las áreas necesarias y transmite los datos izquierdo. Podemos observar esto en niños que tardan en contestar a cualquier pregunta que les hagas por sencilla que sea.

    Mayores dificultades encontramos cuando dependiendo del tono en el que hablemos o la intensidad del fonema al producirlo, se capta por los diferentes oídos, ya que cada una de las letras que nos están diciendo nos llegan a diferente velocidad. Esto es porque los sonidos que llegan por el oído derecho llegan antes que los del izquierdo y al escribir  ponemos los fonemas en el orden en el que nos llegan.Lo vemos en niños que escriben letras de una palabra cambiadas (als en vez de las), que no comprenden a nivel oral y escrito, etc.

        Es por ese motivo por el que cuando, tanto en casa como en el aula que el niño no nos está escuchando, tarda en contestar, etc, debemos procurar hablarle por el lado derecho para estimular que su audición principal e produzca por esa vía. Así mismo, si el niño tiene dificultades atencionales, además de hablarle por el lado derecho debemos tocarle por este lado porque esto le está diciendo al cerebro que todo el lado derecho del cuerpo  se tiene que poner en alerta. Por otra parte, si lo que queremos es demostrar cariño es mejor la entrada por el oído izquierdo para que llegue más directamente a los centros del control afectivo.

En la práctica podemos trabajar esta lateralidad diestra de la siguiente forma:

· Fomentar la comprensión auditiva con audiocuentos, ya que los niños son muy intuitivos y entre los dibujos y el contexto sacan mucha información sin haber leído correctamente el cuento.
· Evitar los cascos y, si es necesario, que no sean de introducir en el oído.
· Enseñar a los niños a escuchar música y los cambios de tonalidades y de ritmos.
· Para estimular el lado derecho colocar la mano derecha sobre el texto ya que        
igual que he comentado antes, el cerebro recibe la alerta de que la parte derecha 
debe abrirse a la información del entorno.
· Niños con problemas posturales elevarle un poco el libro, apoyándolo sobre un
archivador en forma de cuña.
· Observar a los niños con muchas otitis ya que son candidatos a este tipo de problemas. La otitis produce mucha concentración de mocos, que en ocasiones no es liberada. Un tapón, por pequeño que sea, hace que la audición disminuya y pierda calidad de un día para otro. El niño se acostumbra a no oír, por lo que en su entorno no notan la diferencia. La ingesta de líquidos es imprescindible para que esto no se produzca.


Un niño que no oye, es un niño que no aprende y por lo tanto no evoluciona en su vida.

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