lunes, 12 de septiembre de 2011

Enseñar a los niños a relajarse (Parte I)

     La vuelta al cole nos lleva de nuevo al ritmo frenético del día a día, prisas, falta de tiempo, etc. Aunque la vuelta a la rutina es muy buena para los niños, el levantarse pronto, desayunar rápido para irse al cole y no llegar tarde, actividades extraescolares, deberes,... puede producir en ellos ansiedad. Parece que este término se refiere más a adultos, sin embargo cada vez hay más niños que lo padecen y pueden llevar a problemas afectivos como una depresión o afectar en su vida escolar mostrándose con un fracaso académico.

     Esto llega a tales extremos porque nosotros, los adultos, también estamos dentro de esa dinámica de estrés.  Por lo tanto es recomendable que se acompañe al niño en la realización de las técnicas de relajación que voy a describir en los siguientes posts. Siempre debemos tener presentes que somos el modelo más cercano de los niños.

     El aprender a relajarse es una práctica que podemos llevar a cabo desde que nace el bebé. A medida que va creciendo sólo hay que cambiar de metodología. Aunque el estado "relajado" parezca implícito en los niños, hay niños que viven tensos y no saben que existe otra sensación corporal, es algo normal para ellos. Enseñando relajación estamos resaltando la importancia de preguntarnos de vez en cuando cómo estamos y a su vez mostrando la diferencia entre el estado de tensión y de relajación por lo que hacemos que estén capacitados para cambiar su estado se forma conscientes cuando así lo requieran. Además les preparamos para poder afrontar situaciones difíciles que pueden surgirles en un futuro: separación de los padres, pérdidas afectivas, sobreexigencias escolares,...

     Los niños que presentan ansiedad pueden (o no) mostrar uno o varios de los siguientes síntomas:

               · Molestias físicas: dolores de cabeza, estómago,...
               · Empeoramiento del rendimiento académico tanto en el colegio como en casa.
               · Cambios bruscos de estado de ánimo, llegando en ocasiones a la agresividad o tristeza absoluta con llanto constante.
               · Pesadillas, dificultades para dormirse o se despiertan muchas veces. A veces esto se nota porque duerman las horas que duerman siempre se muestran agotados.
               · Trastornos relacionados con los hábitos alimenticios: atracones, falta de apetito,...

     En el caso de encontrar estos síntomas debemos analizar la situación del niño y ayudarle a organizar su día a día de forma que no le genere ansiedad sus actividades cotidianas.

     

2 comentarios:

  1. Muy buen artículo e interesante la bibliografía!. Gracias Vane por estas perlas de sabiduría.

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