miércoles, 27 de abril de 2011

La autonomía (Parte I)

     Cuando hablamos de autonomía infantil parece que todo es muy evidente y que no hay mucho que descubrir, sin embargo la realidad es otra, en el día a día debido a la prisas, la culpabilidad de pasar cortos periodos de tiempos con nuestro hijos o simplemente la comodidad a la hora de educar a los niños, suele ser una de las mayores causas de consultas a especialistas de padres de niños que presentan conductas poco apropiadas en casa o en el colegio, desobediencia o problemas relacionados con extremada timidez, inseguridad y baja autoestima.

     La autonomía es la capacidad que poseen los niños para actuar por sí mismos, en su vida cotidiana, en las diferentes áreas de su desarrollo físico, cognitivo, social y afectivo, teniendo siempre en cuenta la etapa evolutiva en la que se encuentra.
     
   Es muy importante tener en cuenta que el niño autónomo es aquel que realiza las tareas por propia iniciativa, sin que intervenga el adulto. Muchos padres consideran a su hijo autónomo porque obedece sin protestar sus peticiones, si bien el niños no posee el impulso necesario para responsabilizarse, según su edad, de sus propias necesidades ( lavarse las manos antes de comer, cepillarse los dientes, tener la habitación recogida, etc).
     
     Como, por lo general en todos los aspectos de la psicología infantil, lo más apropiado es empezar desde que el niño pasa los primeros meses de vida. El concepto que solemos tener a cerca de la autonomía comienza a los 2 o 3 años con la iniciación del niño en higiene personal (cambio de pañal a orinal, lavado de manos, etc.), sin embargo podemos fomentar esta capacidad desde que dejamos al niño con dos meses en el suelo en una manta para fomentar mediante la estimulación de objetos su movimiento: levantamiento de parte superior en puños, paso de las manos de línea media, volteo, gateo, etc. Empezaremos por lo tanto por la autonomía física para casi paralelamente trabajar el área emocional (dormir en su propia habitación, quedarse un ratito sólo jugando, etc.).

     Esta independencia de la que hablamos es tan imprescindible debido a que el niño tiene que desarrollarse en muchos aspectos a lo largo de su infancia para formarse progresivamente como persona adulta, por lo que debemos fomentarlo para ayudar al niño a:

     - Presentar una autoestima fuerte que le generará una gran seguridad en sí mismo en un futuro cercano. Esto se produce porque crecen con el mensaje “tú puedes”. Así mostramos al niño su gran capacidad de aprendizaje y esto le motiva a continuar, planteándole nuevos retos en los que pensar y esforzarse para conseguirlo.
   - Aumentar la capacidad de tomar decisiones: el aprendizaje que genera sus actividades cotidianas, es interiorizado como posibles estrategias de resolución para situaciones futuras similares.  
    - Facilita el afianzamiento de estrategias para la resolución de situaciones conflictivas, mediante la puesta en práctica de diferentes acciones que llevará a cabo hasta encontrar una que le funcione.
   - Desarrollar la tolerancia a la frustración: el niño aprende por ensayo y error por lo que si le dejamos equivocarse y resolver ese sentimiento de fracaso aprenderá a no abandonar al primer intento y será constante hace su meta.
    - Aumenta la responsabilidad personal: siendo autónomo le haremos conscientes de sus necesidades y el niño se motivará hacia su consecución.

martes, 12 de abril de 2011

Audición y aprendizaje

  La semana pasada acudí a una charla sobre cómo los problemas auditivos pueden afectar muy negativamente al aprendizaje y confundirse con problemas tales con disgrafías, dislexias, trastornos generalizados del aprendizaje, déficit de atención, etc.

      Por este motivo es muy importante, cuando nos enfrentamos a un problema de bajo rendimiento escolar, primero descartar problemas en vista y en oído. Para ello acudiremos siempre a médicos especialistas, para que le realicen pruebas acordes con las necesidades de cada niño. Se aconseja una revisión anual.

      Me centraré más en el oído, puesto que me gustaría compartir lo aprendido ayer.

      El oído tiene tres funciones que se relacionan entre sí:  escuchar la información que viene del entorno, cuidar y orientarnos en el equilibrio postural y estimular nuestro cerebro. Fijarnos en cómo un niño se sienta o su movimiento corporal y la forma de contestarnos es muy importante ya que esto nos dará mucha información de cómo nos está  escuchando.

      Existen tres predominancias laterales, es decir podemos escuchar los sonidos principalmente por el oído derecho, izquierdo o indistintamente dependiendo del tono y su intensidad. Debido a que nuestro cerebro procesa la información en espejo cuando oímos principalmente por el oído derecho, la información pasa directamente al hemisferio izquierdo donde tenemos el área de recepción y comprensión de información. Si bien, cuando la información viene principalmente por el oído izquierdo, ésta va al hemisferio derecho primero, no encuentra las áreas necesarias y transmite los datos izquierdo. Podemos observar esto en niños que tardan en contestar a cualquier pregunta que les hagas por sencilla que sea.

    Mayores dificultades encontramos cuando dependiendo del tono en el que hablemos o la intensidad del fonema al producirlo, se capta por los diferentes oídos, ya que cada una de las letras que nos están diciendo nos llegan a diferente velocidad. Esto es porque los sonidos que llegan por el oído derecho llegan antes que los del izquierdo y al escribir  ponemos los fonemas en el orden en el que nos llegan.Lo vemos en niños que escriben letras de una palabra cambiadas (als en vez de las), que no comprenden a nivel oral y escrito, etc.

        Es por ese motivo por el que cuando, tanto en casa como en el aula que el niño no nos está escuchando, tarda en contestar, etc, debemos procurar hablarle por el lado derecho para estimular que su audición principal e produzca por esa vía. Así mismo, si el niño tiene dificultades atencionales, además de hablarle por el lado derecho debemos tocarle por este lado porque esto le está diciendo al cerebro que todo el lado derecho del cuerpo  se tiene que poner en alerta. Por otra parte, si lo que queremos es demostrar cariño es mejor la entrada por el oído izquierdo para que llegue más directamente a los centros del control afectivo.

En la práctica podemos trabajar esta lateralidad diestra de la siguiente forma:

· Fomentar la comprensión auditiva con audiocuentos, ya que los niños son muy intuitivos y entre los dibujos y el contexto sacan mucha información sin haber leído correctamente el cuento.
· Evitar los cascos y, si es necesario, que no sean de introducir en el oído.
· Enseñar a los niños a escuchar música y los cambios de tonalidades y de ritmos.
· Para estimular el lado derecho colocar la mano derecha sobre el texto ya que        
igual que he comentado antes, el cerebro recibe la alerta de que la parte derecha 
debe abrirse a la información del entorno.
· Niños con problemas posturales elevarle un poco el libro, apoyándolo sobre un
archivador en forma de cuña.
· Observar a los niños con muchas otitis ya que son candidatos a este tipo de problemas. La otitis produce mucha concentración de mocos, que en ocasiones no es liberada. Un tapón, por pequeño que sea, hace que la audición disminuya y pierda calidad de un día para otro. El niño se acostumbra a no oír, por lo que en su entorno no notan la diferencia. La ingesta de líquidos es imprescindible para que esto no se produzca.


Un niño que no oye, es un niño que no aprende y por lo tanto no evoluciona en su vida.