viernes, 6 de mayo de 2011

La autonomía (Parte II)

Los adultos en la dinámica de la familia, el aula, … podemos facilitar todos los aprendizajes necesarios para favorecer el desarrollo de un niño autónomo. Os dejo algunas claves para hacerlo:

·Adecuar las demandas hacia el niño a su desarrollo evolutivo (no exigir ni más ni menos de lo que puede hacer). Para ello se debe tener presente la etapa en la que se encuentra el niño. Puede ser muy positivo buscar información en libros, revistas, internet, etc. sobre evolutiva.
•Acompañarle para servirle de modelo siempre que sea necesario. No podemos exigirle nada que no le hayamos mostrado con anterioridad. Siempre tenemos que tener presente que los niños van a repetir nuestras conductas por lo que si nos ven haciendo repetidamente aquello que queremos que interiorice resultará mucho más sencillo.
•Enseñárles la planificación de la actividad: es imprescindible que el niño conozca por qué pasos debe  pasar para llegar a su objetivo satisfactoriamente. No podemos pedirles que lleguen a un objetivo que les hemos marcado sin antes ponerles pequeñas metas y que aprendan progresivamente.
•Verbalizarles mensajes positivos: “tu solo que ya sabes”, “qué bien lo estás haciendo”, “ánimo que falta poquito”, etc. La autoestima del niño es algo que debemos tener siempre presente.
•Olvidarnos del tiempo y las prisas: es necesario buscar un buen momento para comenzar, sino se puede caer en intentos fallidos que sirven al niño para aprender que si lo hacen mamá o papá ellos no se tienen que esforzar. Buenos momentos son fines de semana o periodos vacacionales.
•Permitirles cometer errores: si castigamos el error estamos frenando la motivación para seguir intentándolo.

     Sin embargo, a veces no conseguimos que nuestros hijos sean independientes y responsables. En estos casos habitualmente nos encontramos con que, en la mayoría de los casos de forma inconsciente, son los padres los que frenan a los niños debido a:
•La sobreprotección: por una excesiva preocupación hacia los niños, en ocasiones  anticipamos toda clase de peligros y situaciones conflictivas y hacemos una prevención que no siempre es necesaria.
•Transmisión de miedos: actuamos con los niños según nuestros propios miedos e inseguridades por lo que fomentamos que aparezca en ellos. Para que esto no ocurra, como adultos distinguiremos peligros reales (se puede dar con la esquina de la mesa) a peligros potenciales (no hagas... que te caes, que te manchas,etc.). 

     También es importante medir los daños que se puede causar el niño ya que no actuaremos igual si se puede raspar ligeramente las rodillas que si se puede hacer una brecha.
•Uso de nuestra experiencia: fomentamos que nuestros hijos no cometan los mismos errores en los que caímos nosotros alguna vez, coartando así su aprendizaje por sus propias vivencias
•Miedo a ver que se hacen mayores y no nos necesitan tanto como antes.

   Por lo tanto, en resumen debemos:
•Ofrecerles alternativas para que elija.
•Dejarle actuar reconociendo su esfuerzo cuando se enfrenta a dificultades.
• No atosigarlo con preguntas.
• Hacerle pensar antes de darle respuestas.
• Enseñarle a buscar soluciones ante las dificultades a las que se enfrente.
• Apoyarle y reforzarle positivamente en todo momento.