miércoles, 21 de marzo de 2012

Cuando mamá "sólo" se dedica a los niños

     Cada vez se ve menos el modelo de familia de papá es el que trabaja, mientras mamá se queda realizando las labores de casa y cuidando en exclusiva de los niños. Muchas familias eligen este formato porque consideran que si económicamente se lo pueden permitir, va a ser mejor para los más pequeños de la casa porque van a estar ahí siempre que ellos necesiten. Si bien, en muchas ocasiones si no tenemos mucho cuidado podemos generar niños muy tiranos con las madres, mostrándose conciliadores sin embargo con la figura paterna.

     Parece muy extremo lo que voy a contar a continuación, pero como orientadora en un colegio privado no es el primer caso ni el segundo en el que el niño comienza a comportarse así y lo único que pasa es que tiene a mamá como una extensión de sí mismos. 

     Esto ocurre principalmente por dos motivos. El primero es que cuando una persona tiene el total de la carga de una responsabilidad tal como es el desarrollo físico, afectivo y social de nuestros hijos ("porque no voy a hacer a su padre que llega tarde de trabajar que se encargue él cuando yo estoy en casa para eso") cualquier pequeño error lo vive como un fracaso personal: si el niño saca malas notas soy mala profesora particular, si mi hijo no come soy mala cocinera, si mi hijo se cae y se hace daño soy mala madre; y así podríamos seguir hasta no parar. A lo largo de los meses y años puede generar una inseguridad altísima en las madres que cada vez acotan más sus actividades centrándose únicamente en el bienestar de sus hijos.

     El segundo motivo está en el niño, que además de intuir lo anteriormente expuesto, pasa mucho más tiempo con la madre por lo que conoce mejor sus fortalezas y debilidades que las de su padre por lo que sabe salirse con la suya y aunque quizá ni a la primera ni a la segunda lo consigue, actúa por agotamiento de la madre y es que los niños siempre nos ganarán con la insistencia, sino estamos muy alerta. Además, siendo mamá la que más tiempo pasa hace que quien ponga límites y normas en casa sea ella, con las consiguientes consecuencias y papá llegue cuando ya todo está resuelto y para un ratito que está en casa quiere paz y tranquilidad, así que todos a jugar como si no hubiera pasado nada.

     Para ver si esto está ocurriendo primero observar si la diferencia de conducta entre papá y mamá es muy grande, y digo "muy" porque siempre diferencias va a haber. Y posteriormente vamos a hacernos una autoevaluación de cómo reaccionamos ante determinadas situaciones del día a día, si permitimos cosas que sabemos que no deberíamos por agotamiento mental y físico, si sobreprotegemos para liberar nuestras culpas, si tratamos a nuestros hijos como amigos, ... 

     En casos muy extremos, con niños con dificultades de aprendizaje o conductuales, las madres pueden renunciar a su vida social, a sus aficiones,... Esto conlleva un riesgo añadido para la madre que no tendrá una vía de escape para toda su carga no solo por sus funciones como madre, sino por toda la ansiedad que le genera la sensación de fracaso y no es de extrañar que curse con trastornos del estado del ánimo como ansiedad o depresión.

     Por lo tanto, la educación de los hijos debe ser cosa de dos para poder tener responsabilidades, pero también para poder disfrutar de ellos. Una vez más la complicidad y comunicación entre la pareja es esencial no solo para expresar nuestras inquietudes, sino para llegar a conclusiones y acuerdos sobre cómo vamos a repartir las responsabilidades. Y recordar que aunque estemos en casa los niños tienen que tener sus responsabilidades para generar madurez y autonomía, no todo lo tenemos que hacer los adultos.